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Toda palabra que este en letras NEGRITA es interactiva.

Recuerdo muy bien mi cumpleaños número 10. Había regalos, globos y un inmenso pastel. Tal vez, quedó en mi por lo que pasó después , un suceso que me marcó la vida desde ese día en adelante.

memoria

Hay tres palabras que quedaron rondando en mi cabeza desde ese momento: campo, tren y vacío…

Nací en el año 1930 ,en un pequeño pueblo polaco apartado de las grandes ciudades, aunque según los mapas este se encuentra dentro de la ciudad de Toruń.

Siempre supe que estábamos en un tiempo complicado para el mundo. Si bien nunca me lo habían dicho, oía a mis padres y notaba la preocupación en sus caras. Los años luego de una guerra suelen ser muy difíciles, sobre todo cuando sabes que se aproxima otra.

En mi pueblo se comentaba acerca de la ”Gran depresión” y de cómo eso había afectado a todos. También del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán. De muchas cosas se hablaba, si, pero nadie realmente sabia que pasaba ni entendía la situación que comenzaba. Ninguna persona pudo predecir lo que pasó.

El día 21 de Julio cumplí años, lo festejé con todo mi pueblo. Mi madre había decorado mi sala de estar con temática carnaval. Puso guirnaldas de colores brillantes, una enorme piñata con forma de una estrella con tiras verdes colgando de sus puntas. Yo había estado esperando ansiosa esta gran fiesta. No había cosa que me gustaba más que celebrar, buscaba cualquier excusa para hacerlo.

Luego de lo que paso no hubo mas festejos, los colores ya no existían, tan solo blanco, negro y matices.

Mi festejo terminó a las 18 hs. A las 23hs oímos un ruido. Eran gritos, portazos, bocinazos y disparos… Luego, llantos y sollozos de mi madre desesperada pidiendo piedad. Mi padre intentando hacer un trato. Ambos fallaron. En menos de una hora unos hombres altos, grandes, que vestían un y totalmente desconocidos, arrasaron con el lugar y nos subieron a todos a varios autos. Luego de una hora y media nos bajaron y nos pusieron en un tren. Desde ahí, mi vida terminó de cierta manera.

uniforme gris

Llegamos a un lugar muy amplio, algo que recuerdo muy bien es el olor, era fuerte, amargo. Luego nos separaron,mi madre y yo quedamos por un lado y mi padre por el otro. Nunca lo volví a ver. Nos hicieron poner un conjunto a rayas, nos quemaron un número en la piel. Ahí lo entendí, yo ya no era Silvia , tan solo era la 245.

El 22 de Junio, un día que me dejó una marca interna que nunca se fue. Un sentimiento inexplicable para quien nunca lo había sentido. Si bien no me habían matado yo me sentía vacía, como un fantasma, sin vida…

A mi me gustaban las vacaciones de verano por dos razones; mi cumpleaños y poder dormir hasta tarde.Los primeros días en el campo pensaba mucho en eso. Cada día me despertaba muy temprano para trabajar. Me hacían mover cargamentos pesados de un lado al otro.Así era con todos, los trabajos eran variados. Había uno en particular que me perturbaba mucho, la limpieza de cámaras. Cada cierta cantidad de días llenaban esos lugares de personas y horas más tarde los mandaban a limpiar, es decir, a retirar los cuerpos.

Los soldados eran Alemanes, lo sabía porque mi abuelo ,antes de morir , me había enseñado un par de palabras. Cada día nos gritaban “Arriba”, “A trabajar”, “Judios mugrosos”. También los oía hablar entre ellos, sabía que uno tenía una esposa y un hijo de 3 años. Por las noches, lo escuchaba contar su vida a sus compañeros, eso me ayudaba a dormir. Recuerdo una de sus tantas historias, en la que su “niño rubiecito”, así llamaba a su hijo, se caía de su cama y pedía a gritos que él vaya a cuidarlo. Dijo que desde ese momento, supo que haría todo para .

protegerlo

PROTECCIÓN, esa palabra resonó por mi cabeza durante varios días. El día de mi cumpleaños número 10, había perdido todo tipo de protección. No tenía nada ni nadie que podía salvarme de esa horrible situación. Mi madre estaba muy vulnerable. Si bien siempre la había visto tan frágil como un cisne de cristal, en ese momento la vi más rota que nunca.

Un día vi pasar a dos soldados, luego entraron a el lugar donde dormíamos y agarraron a mi madre del brazo. La estaban lastimando y yo no iba a permitir que se metan con ella. No lo dudé ni un segundo y les grité con la poca fuerza que me quedaba.

Luego un sonido aturdió mis oídos, la vista se me nubló y caí fuerte contra el suelo. Recuerdo a mi madre llorando y como poco a poco fui perdiendo la conciencia. Me mataron y también de cierta forma mataron a mi madre. ¿Cómo podían ser tan crueles? Matar a un hijo enfrente de sus padres es algo terrible. Antes de dormirme y nunca más despertar, pensé en aquel soldado y en su hijo. Intenté entender la hipocresía de ese padre, pero no pude. Aun en mi último suspiro seguí siendo tan curiosa como siempre.