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Agonía

invisible

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Jack Bastak C. Dyle

Agonía invisible

Una brisa helada recorre mis manos. Siento mi nariz helándose y mis zapatos, impregnados de agua; apenas puedo caminar. Tengo mucha sed y mucha hambre; no me he alimentado desde la semana pasada.

9/4/1920

Tiemblo, pero no sólo de frío; siendo sincero, también tengo mucho miedo. Sí, le prometí a mi papá que iba a ser fuerte, que iba a ser valiente… Pero no entiendo de qué sirve, si al fin y al cabo siempre voy a terminar de la misma manera.

Oh, mi padre... ¡Cómo lo extraño! Yo estaba en el patio de casa cuando se lo llevaron. Lo recuerdo bien: unos hombres rompieron la puerta de entada y se lo llevaron a la fuerza, mientras él gritaba. Escuché otros alaridos provenientes de la calle; entre ellos reconocí la voz del vecino, el Señor Gorutnian.
Desde ese día, nunca más volví a ver a mi papá: No sé qué le pasó ni dónde está, y mi mamá tampoco me quiere contar... ¿Estará bien? ¿Me extrañará? ¿Algún día lo volveré a ver?


Lamentablemente, el lunes falleció Zadig. Ay, ¡qué gran amigo había sido! Él siempre me decía que de grande quería ser escritor. "Escaparé, viajaré a los Estados Unidos. Me convertiré en escritor y le haré saber a todo el mundo lo que nos pasó; nos salvaremos, esto sólo quedará como un mal recuerdo, ya verás.", me decía mientras caminábamos. Qué pena que se haya tenido que morir con tan sólo once años de edad.

Zadig


A la que extraño mucho es a mi hermana, Azad. Todavía sigo sin comprender qué le ocurrió, aunque pareciera que todos los que están a mi alrededor saben lo que le pasó menos yo.
Los guardias siempre se aprovechaban de ella y la utilizaban como un juguete, con el cual podían jugar a la hora que querían. Bueno, a todos nos hacían eso, pero yo sentí que con ella tenían un trato diferente... En fin, Azad desapareció: Zadig me dijo que estaba embarazada y que un guardia la compró para llevársela a su casa, lo cual no tiene sentido. ¿Cómo podría comprarse una persona? ¿Es que acaso mi hermana estaba en venta?
Por el contrario, mamá quiso convencerme de que se fue del continente. Sin embargo, dudo que me haya dicho la verdad. Ví a mi hermana por última vez a orillas del río Eufrates. Estaba deprimida y abatida, y manifestaba su aflicción mediante lágrimas. Sus ojos estaban fijos en mí, pero yo sabía que estaba ensimismada. Seguí caminando, volteando mi cabeza para mirarla cada tanto, hasta que se mezcló con el paisaje y la perdí de vista. Para siempre.

Mamá prometió salvarme, pero la verdad es que ya no sé en qué creer. Papá me había prometido heredar su relojería, Zadig me aseguró que todo esto terminaría y mi hermana juró que nunca me abandonaría; sin embargo, ninguno de ellos cumplió su promesa.

Me siento muy cansado, padezco frío y me encuentro muy sucio. Me cuesta caminar y estoy deshidratado. Tal vez sea mejor morir acá. Quedarme quieto y esperar a que el fin llegue. Ya no puedo más: no quiero seguir viviendo así. Juro que pagaré todos mis pecados, juro que no cometeré más errores. Pero ya no resisto; cada día, mi sufrimiento es mayor.


Extraño mi casa, donde vivíamos felices y tranquilos con mi familia. Extraño a papá, extraño su rostro, su olor, su forma de vestir, sus gestos. Extraño cuando llegaba tarde por las noches para cenar los manjares exquisitos que preparaba mamá. También extraño a Azad, su voz, sus consejos y cómo me protegía. Extraño mi barrio, mi pueblo, mi vecindario; en síntesis, mi vida pasada.

Mañana tenemos que ir al ferrocarril con Lucín, una mujer que conocimos en la caravana. Mamá tiene muchas esperanzas, pero yo creo que será imposible huir. La idea es que viajemos a Alepo y nos quedemos allí por un tiempo. Cuando podamos y nuestra situación mejore, intentaremos viajar a México, pero quizá eso sea posible recién en un año.

Lucin va a encontrarse con su marido y su hermano en el tren, pero dudo poder acompañarla; no estoy seguro de lograr sobrevivir un segundo más en este lugar...

Alrededor mío, entre la nieve, se hallan los cuerpos de otras personas como yo. Muchos ya han perecido, otros agonizan en el álgido suelo; pareciera que su cuerpo los abandonó, pero su alma aún tiene una parva chispa que fulgura.

La mayoría de los niños tienen un aspecto esquelético y se les notan las costillas, como si no tuvieran carne y fueran solo un ser de hueso. Algunos me miran, pidiéndome ayuda con sus ojos. Me dá mucha tristeza su situación, pero aún más, saber que no puedo hacer nada por ellos...

Señor, ¿Algún día me explicará por qué nos tocó vivir esta desgracia? ¿Por qué a nosotros? ¿Qué hicimos mal?

Señor, por favor ayúdenos. Máteme, si quiere, para terminar con esta desdicha. Ya no me asusta nada ni nadie, nisiquiera la propia muerte; no le importo a nadie, ya no valgo nada.

Soy sólo un pequeño niño en un mundo gigante.

Amen,

Aram.

Fin

genocidio Armenio

El holocausto armenio fue la deportación forzosa y el intento de exterminio de la cultura armenia. Se calcula que entre un millón y medio y dos millones de civiles armenios fueron asesinados entre 1915 y 1923.

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Aunque el gobierno de la República de Turquía, sucesora del Imperio otomano, no niega que las masacres de civiles armenios ocurrieron, aún no admite que se trató de un genocidio y sostiene que las muertes no fueron el resultado de un plan de exterminio masivo, sistemático y premeditado dispuesto por el Estado otomano, sino que se debieron a las luchas interétnicas, las enfermedades y el hambre durante el período de la Primera Guerra Mundial. No obstante, la mayor parte de los estudiosos —incluso algunos turcos— opinan que los hechos encajan en la definición actual de genocidio. Hasta 2021, treinta países han reconocido el genocidio, entre otros,Alemania, Rusia y los Estados Unidos.

El comienzo del genocidio se conmemora el 24 de abril de 1915, cuando las autoridades otomanas detuvieron a 235 miembros de la comunidad de armenios en Estambul. En los días siguientes, la cifra de detenidos ascendió a 600. El gobierno de los "Jóvenes Turcos" estipuló la deportación de toda la población armenia, bajo la excusa de que los armenios estaban aliados con Rusia (en el contexto de la Primera Guerra Mundial). La marcha forzada de los armenios por cientos de kilómetros, que atravesó zonas desérticas, provocó que la mayoría de los deportados (entre ellos, muchos niños) pereciera víctima de hambre, sed y frío.

Como consecuencia del genocidio armenio, de 1914 a 1922 llegaron a Argentina un gran número de armenios, de territorios a los que habían ido a parar los sobrevivientes de las deportaciones organizadas por los turcos, como Siria, Líbano,Georgia y algunas ciudades del Mediterráneo.

La concentración de instituciones armenias más importante en la Argentina se ubica en el barrio de Palermo, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Sobre la calle Armenia de esta localidad, se encuentran el Centro Armenio de la República Argentina, la Catedral San Gregorio el Iluminador, el Arzobispado de la Iglesia Apostólica Armenia, la Institución Administrativa de la Iglesia Armenia, la Asociación Cultural Armenia, la Asociación Cultural Tekeyan, la Unión General Armenia de Beneficencia y la Unión Compatriótica Armenia de Marash, así como la Plaza Inmigrantes de Armenia.