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Fotografías: Linda Aragón, Archivo fotográfico Misioneros de Yarumal.

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Zapayán toma su nombre de su historia. Un cacique de la etnia Ette Eneka (Chimila) que vivió en la zona.

El cantar de los gallos acompaña el sonido seco y esponjoso que se emite al fregar la ropa. El lavadero es más que eso. Mientras se esmeran en dejarla limpia, se cuentan historias y narran secretos, de esos que se forjan en el hogar y terminan por ir de boca en boca:- Ahora al pae’ de mis hijos se le ha dao’ por tomá todos los fines de semana.- Ve, ¿y ese de dónde sacará la plata?- Yo no sé, mija. Lo que yo quiero es que siga respondiendo por el 'bocaito'.- Tiene que aterrizá.- Ese ya no respeta pinta.

Los habitantes del pueblo le han dado otra definición a la ciénaga de Zapayán: ya no representa solo un cuerpo de agua para bañarse y pescar. Es el lugar para charlar, es esencial para ponerse al día; es un escenario construido donde confluyen todos: los señores que van por las cargas de agua, los pelao’s traviesos, los campesinos que llevan a sus animales para calmar la sed y quienes esperan en la orilla a los pescadores para comprarles su botín.Anteriormente lavaban sobre las trojas que sus maridos les construían en los patios. No podían hacerlo en la ciénaga porque había muchos caimanes. Los hombres construyeron un tipo de muelle de palo para que no fueran desayuno de los reptiles. Con el pasar del tiempo, se fueron mermando por la cacería, y desde entonces las lavanderas comenzaron a desplazarse hasta la ciénaga para hablar y lavar.

Sobre la mesa se observa un bloque de jabón Rey, porque es primo del otro que queremos retratar de esta historia.

El manduco es como un bate pequeño hecho de madera y su papel en el proceso de lavado es fundamental. A más 'garrotazos', mejor se despercude cualquier tipo de mancha.

Rincón literario

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Ellas son portadoras de historias, son el periódico del pueblo.El Puerto de Casa Loma es hermoso, pero se convierte en una maravilla cuando las bomberas tocan sus aguas. La pereza no tiene lugar, madrugar es una fiesta que alimenta esta costumbre ancestral.

Restregar, escurrir y sacudir la ropa funda ecos que se encuentran con sus conversaciones. Echar un cuento parece obligación: lavar en silencio no tiene ninguna gracia:Ayer se salió (casó) Juana con un hombre.- ¿Cómo va a ser?- Sí, comae’. Juana fue con sus amigas a la baile. Yo las vi pasar: eran cuatro las que iban. En la madrugá solamente pasaron tres. Las cuentas estaban malas. Faltaba ella.- Seguro se casó con un forastero.- Por ahí se dice que fue con uno del pueblo.- Mañana ya sabremos.

Unas dejan el tinto listo antes de salir a lavar; otras lo preparan apenas regresan a casa, por eso contabilizan el tiempo y tienen un poco de afán. El tinto es un motor tempranero, algunas se van a fregar desde las 3 AM hasta las 10 AM. El café es el combustible para brazos y piernas...- Ajá, mujé, ¿te tomaste el tinto?- Todavía no he visto a Dios, mija.

El tema que empuja conceptualmente la exposición en la Sala de Arte Contemporáneo en el Museo Etnográfico Miguel Ángel Builes es la actividad humana en los cuerpos de agua. Al revisar esta relación ancestral, se busca dar cuenta de aquellas muestras antropológicas basadas en dinámicas culturales de construcción identitaria y relativa a poblaciones pequeñas o de contextos no determinados absolutamente por economías portuarias, industriales o extranjeras.El papel de las mujeres se presenta como hilo transversal, pues su protagonismo en el hogar y en el espacio barrial, en el territorio político o simplemente en la comunidad, representa la voz que configura y construye en el ámbito social.