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PRIMER PREMIO segunda categoria

Transcript

Primer premio de la segunda categoría:

Media lata de anchoas

de Jimena Blanco

Concurso Literario 2020

Colegio Base



En un rincón oscuro se escuchaba un leve maullido. Parecía que la vida se desvanecía de aquella criatura poco a poco. Su pelaje ya no era tan suave como antaño, cuando la comida abundaba y nunca pasaba frío. Aquel pobre gatito había visto con sus propios ojos cómo se transformó la ciudad que una vez fue su hogar. Ya no había tantos árboles, ni tantos pájaros. Las calles cada vez estaban más descuidadas y se habían dejado de regar los parques, no había suficiente agua. El animal abrió sus pequeños ojos amarillentos por última vez, luego se durmió esperando la muerte.

Para su sorpresa, el gato se despertó en una camioneta destartalada, todo estaba muy desordenado y bastante sucio. Había cajas y mantas tiradas en el suelo, unos pósters antiguos y rasgados tapaban las ventanas y dónde una vez hubo un volante había una pequeña estantería llena de libros. Se encontró con una lata a medio comer de anchoas y un pequeño cuenco de agua, la cual no estaba muy limpia.

El animal se abalanzó hacía la comida y la engulló en unos pocos segundos. No le importó que un niño lo mirase curiosamente. Entonces se dio cuenta, no podía confiar en los humanos. Ellos acabaron con toda la vida, ellos atropellaban gatos diariamente, ellos… lo habían abandonado. El gato miró con recelo al niño.


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Este intentó acercarse y casi se lleva un zarpazo en toda la cara. “Tranquilo” le dijo, “no quiero hacerte daño, vivo solo en esta autocaravana y paso mucho miedo. De noche oigo ruidos terroríficos, cuando hay luz me pasó todo el tiempo buscando alimento y herramientas. No he llegado a conocer a mis padres. Ni siquiera sé cuántos años tengo. Pero cuando te ví en ese callejón me recordaste a mí mismo. Por eso yo te cuidaré y seremos amigos. Mmm te llamaré… Birojo. ¡Sí, Birojo! ¡Me gusta! Y además te pega mucho”.El gato le había entendido a la perfección, tanto tiempo en la calle le había dotado de un entendimiento del español perfecto, aunque no sabía hablarlo. El nombre que le había puesto no le hacía mucha gracia, era un tanto desagradable.







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Pero aquel pobre niño no tenía nada más que un gatito moribundo y famélico, no podía abandonarlo sin más. Birojo analizó al chico de los pies a la cabeza. Llevaba unas deportivas a las que le faltaban los cordones, unos pantalones de chándal largos y una chaqueta azul marino. Llevaba el pelo corto y mal cortado como si se lo hubiera intentado cortar el solo frente a un espejo. Sus ojos eran castaños. A pesar de su juventud, tendría unos 14 años, su mirada era cansada y sería. Como todos, aquel niño había visto cosas que nadie quería ni imaginar.

Todas estas catástrofes azotaron a Birojo como un látigo.. Sus dueños lo abandonaron al no tener suficientes recursos para todos, en la calle los más desfavorecidos intentaban cazarlo para dar de comer a sus hijos… Sin embargo, aquel niño lo había acogido en su pequeño hogar.

El chico le devolvía la misma mirada extrañado. Hacía mucho tiempo que no veía un gato. Ya no quedaban muchos animales en la ciudad, ni siquiera mascotas. Tenerlas era un lujo que prácticamente nadie se podía permitir. De pronto se abrió la puerta trasera de la autocaravana. Un hombre de gran envergadura con una barba oscura y unos ojos pequeños se dirigió hacia el chico. .

Pagaron cantidades ingentes de dinero a numerosos científicos para que ellos lograran encontrar la forma de poder dejar de existir físicamente. Varios fueron cruelmente asesinados, pues no encontraban soluciones lo suficientemente rápidas y eficientes. El asunto se les fue de las manos y empezaron a obligar a todo el mundo que supiera de ciencias a trabajar en el experimento. El humano había acabado con la poca vida y belleza que quedaba en la Tierra. La selva amazónica se quedó sin árboles hace dos años, el río Nilo se secó por completo hace tres y este año (el 2070) se habían extinguido las últimas aves y animales acuáticos. Los alimentos que comían no eran más que productos químicos que recreaban la comida anterior.

Todas estas catástrofes azotaron a Birojo como un látigo.. Sus dueños lo abandonaron al no tener suficientes recursos para todos, en la calle los más desfavorecidos intentaban cazarlo para dar de comer a sus hijos… Sin embargo, aquel niño lo había acogido en su pequeño hogar..

El chico le devolvía la misma mirada extrañado. Hacía mucho tiempo que no veía un gato. Ya no quedaban muchos animales en la ciudad, ni siquiera mascotas. Tenerlas era un lujo que prácticamente nadie se podía permitir. De pronto se abrió la puerta trasera de la autocaravana. Un hombre de gran envergadura con una barba oscura y unos ojos pequeños se dirigió hacia el chico. ..

Pagaron cantidades ingentes de dinero a numerosos científicos para que ellos lograran encontrar la forma de poder dejar de existir físicamente. Varios fueron cruelmente asesinados, pues no encontraban soluciones lo suficientemente rápidas y eficientes. El asunto se les fue de las manos y empezaron a obligar a todo el mundo que supiera de ciencias a trabajar en el experimento. El humano había acabado con la poca vida y belleza que quedaba en la Tierra. La selva amazónica se quedó sin árboles hace dos años, el río Nilo se secó por completo hace tres y este año (el 2070) se habían extinguido las últimas aves y animales acuáticos. Los alimentos que comían no eran más que productos químicos que recreaban la comida anterior.


Birojo y el chico anduvieron durante horas buscando un nuevo refugio. La huida había sido tan precipitada que no pudieron coger nada. Pronto se hizo la noche. El calentamiento global había afectado al clima considerablemente. De día hacía un calor extremo y de noche un frío que helaba la piel. Pasaron la noche dentro de un contenedor. El niño abrazaba al gato para protegerlo de la baja temperatura. Sin embargo, él pasaba mucho frío. Pasaron los días y seguían sin encontrar alimento alguno. Por fin una tarde comenzó a llover. Birojo habría la boca buscando alguna gota de aquella preciada agua. Cuando la lluvia le rozó el pelo este se desprendió de su cuerpo. Era lluvia ácida. .


El niño pareció reconocerlo, posiblemente fuese el comerciante de la zona. Su cara se llenó de asombro al ver a Birojo tratándose de esconder en una esquina. “¿Pero qué tenemos aquí? ¡Este gato puede valer una fortuna! He oído que el propietario de un importante banco está buscando una mascota. ¡Este gato podría darme de comer durante años!” dijo el hombre. “Que pena ”comentó el niño “porque este gato es mío y no tengo intención de vendérselo a nadie por nada del mundo. Ahora es mi amigo.” “¡Qué es tu amigo! Dámelo ahora mismo o te lo quitaré a la fuerza.” El chico cogió a Birojo y salió corriendo por la puerta delantera. El hombre era rápido, pero el niño se sabía tan bien las calles que la persecución duró poco.







Los residuos gaseosos que los humanos expulsaban a la atmósfera había creado nubes de de ácido sulfúrico semejantes a los de Venus. El niño salió corriendo para cobijarse. Sin embargo, a Birojo no le quedaban fuerzas. Sus patitas parecían pegarse al suelo y no conseguía avanzar. El ácido seguía rozándole la piel, quemando su pelo y deteriorando su cuerpo. Todo estaba perdido. Birojo se tumbó, no podía más. Miró una última vez el cielo pero se encontró con una chaqueta azul marino. El niño cubría al gato con su cuerpo. Lo metió dentro de su chaqueta protegiéndolo del doloroso ácido. Pasaron treinta largos minutos intentando cobijarse los dos juntos. Cuando al fin salió el sol, Birojo salió de su refugio. Se acercó a la cara del chico y se acarició cariñosament









No hubo respuesta. El gato empezó a chuparle la cara, morderle los dedos y a maullar desesperadamente. Nada hizo despertar al niño. Muerto yacía en medio de la carretera. El hecho de que nadie le echaría en falta atosigaba a Birojo. Cuando se fue a despedir de aquel chico encontró un ápice de esperanza. Un brote verde luchaba por crecer entre el asfalto. Tal vez no era demasiado tarde.


FIN