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¡Bu, bu, bu! la tierra está llorando¡Buu, buu, buaaa…! -¿Quién llora por ahí?- preguntó Saturno, -Es la tierra- repitieron en coro los otros planetas, -Hace años que no lo hacía- habló Júpiter. Pero fue Mercurio quien se acercó y pregunto; -¿Qué mal te aqueja querida tierra?-, -Aquí- dice – Estoy muy, muy, pero muuuyyyy… enferma, casi a punto de desaparecer-. -¡Ay tierra cuánto lo siento!- expresó Marte, -no te preocupes, mañana hablaré con el astro más sabio del universo y encontraremos una solución a tu problema-. – ¡Por favor date prisa! -dijo la tierra casi suplicando -. Yo no sé cuánto más pueda resistir mi escudo protector.Pero sucedió que, Marte había olvidado hablar con el Sol, sin embargo los tripulantes de una nave espacial que pasaba por allí, también escucharon los quejidos y decidieron grabarlo para luego difundirlo entre los habitantes de la tierra. Desde entonces y poco a poco algunos terrícolas empezaron a clasificar la basura practicando las 3R (Reducir, reutilizar y reciclar), también cuidan más a las plantas, respetan a los animales, además se han instalado biohuertos, en las casas, colegios, universidades, centros de salud, etc. Aunque lo más importante es que las personas ven menos televisión, se divierten bastante, y se levantan muy temprano para aprovechar la luz del sol. Otro tanto hacen los agricultores, ya que ahora desinfectan los cultivos con preparados naturales.Además da gusto ver a los coches que ya no echan humo, pues ahora funcionan con gas natural. Por otro lado, las fábricas se han alejado de la ciudad y dejaron de contaminar el agua y el aire, las mineras ya no extraen minerales de los suelos, ahora se dedican a plantar árboles y sobretodo han comenzado a tratar el agua del mar.Finalmente al parecer la tierra y sus habitantes se están transformando y viven muy felices.FIN

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EL BOSQUE HERIDOUn día Pepe salió de paseo con sus padres, cerca del camino observó que estaban quemando una maleza. Le preguntó a su papá:-¿Por qué hay gente sin conciencia que daña el ambiente?Su padre le contestó;- Porque no saben el daño que le están ocasionando al ambiente.Pepe respondió a sus padres:-¿Por qué no les explicamos que debemos cuidar el medio ambiente como si fuera nuestra propia vida…?Ellos le dijeron:-Sí hijo, trataremos de hablar con esas personas.El incendio quemaba árboles como el sauce, roble, pinos y muchas plantas que se caían poco a poco, por la mano perjudicial del hombre.Pepe observó desde la orilla del camino, cómo algunos animalitos huían del calor. Pájaros, conejitos, ardillas, tortugas,mariposas, todos buscaban refugio, y hasta una culebra se arrastraba hacia la carretera para salvar su vida.El bosque herido por el fuego se veía muy triste y solo. A pesar de que llamaron a los bomberos forestales, se quemó una gran parte de él.Fue destruido por el hombre, en vez de cuidarlo, para que los árboles protejan el ambiente y sirvan de nido a las aves y animalitos del bosque.No había quedado nada en pie, sólo uno que otro ratón y unas cucarachitas que aguantaban el fuego escondidos en los peñascos.Ya no habrían más nidos para los pájaros, follaje para los animales que buscaban en sus raíces huir de los rayos del sol. Sus ramas verdes y brillantes ya no se extenderían en el abanico verde y colorido del bosque.Sólo debajo de una piedrecita, Pepe observó en un rincón del fallecido bosque, cómo se asomó tímidamente una pequeña hojita verde, componente de una plantita que acababa de nacer: era un semilla de arbolito, que había quedado latente bajo las piedras, quienes la cuidaron, cobijándole del fuego, se había alimentado de las aguas subterráneas de la madre tierra, a su lado otras semillitas aún dormían plácidas, pero muy pronto despertarían.No todo se había perdido: la naturaleza empezaba de nuevo su ciclo vital. Los arbolitos irían despertando poco a poco y se irían creciendo empezando el ciclo de la vida. Lo demás lo haría el sol, el agua. Crecerían hasta llegar a ser tan altos como los que habían sido quemados. Una esperanza nacía: el bosque volvería a ser lo que antes era: un remanso de paz y naturaleza para los animales silvestres.Las pequeñas hojitas verdes se alimentarían del sol, del agua, y todo volvería a ser como antes…. El bosque ya no estaba herido... Renacía feliz…FIN

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El hogar de RunnyEn un lejano lugar llamado Tutifrutti una familia de conejitos vivía muy felizmente pues era un lugar verde lleno de zanahorias y lechugas, la delicia de los conejos.La familia la integraba Rabito el más pequeño pues solo tenía dos meses y después seguía Runny que tenía ya seis meses, además de su papá Perry y su mamá Noala.Un día Runny decidió ir al mercado, pues tenía hambre y su mamá había olvidado comprar los víveres el día anterior. Por lo que él decidió ir en busca de jugosas zanahorias y frescas lechugas para desayunar. Pero en el camino observó que personas, seres vivos mucho más altos que él habían construido una gran casa, y pensó:-“Seguramente tienen mucha familia y necesitan de una casa muy grande”, y siguió su camino.Sin embargo, al llegar al mercado de los conejos se encontró con varios conejitos lastimados y asustados. Además, todo el mercado estaba destruido pues un grupo de humanos, de esos que son mucho más altos que él, llegaron con grandes máquinas. Que, además de hacer mucho ruido, destruyeron su pequeño mercado y se llevaron su comida.Runnysaltó y saltó de regreso a su casa para comentar a su familia lo que había visto. Pero cuando llegó a su hogar, con mucho esfuerzo, empezó a hablar a su papá cuando las máquinas empezaron a llegar y todos tuvieron que correr.Todos saltaron y saltaron, pero el pequeño Rabitono alcanzó a saltar tan rápido como su familia y ya imaginarán lo que sucedió. La familia de conejitos siguió saltando y saltando hasta alejarse de lo que era su casa, llegando a un lugar con mucho frío y mucha nieve. El papá conejo y la mamá coneja tenían frío y Rabito, el más pequeño de sus hijos ,lloraba mucho. Mientras que Runny no lograba comprender por qué los seres humanos habían hecho tal atrocidad.– “¿Por qué destruir nuestras casas? Si nosotros no les hicimos nada, no nos metemos en sus casas ¿por qué invadir las nuestras?».Runnysalió a buscar comida de nuevo puesto que no logró conseguir en su primer intento. Y dejando a sus padres en una pequeña choza abandonada y sucia, salió en busca de zanahorias y lechugas aunque sean secas.Por el camino se encontró con un viejo conejo que estaba en la fuerte nieve con una pequeña fogata encendida y le dijo:– «Disculpe señor conejo, soy Runny y quisiera saber dónde puedo conseguir algo de comida, tal vez lechuga o zanahorias.»– «Hay conejo, aquí hace tiempo que no se ven lechugas mucho menos zanahorias. Desde mis antepasados, hace 20 años, fueron los últimos en disfrutar de esos manjares y de un poco de calor.»– «Entonces ¿qué se puede comer aquí señor conejo?»– «Tendrás que conformarte con hojas de aquel árbol, que aunque no son muy buenas saben mejor que la nieve o que la madera de un árbol viejo.»– «Pero señor conejo, tengo familia y esperan la comida para poder seguir caminando para encontrar un lugar mejor.»– «Lo siento conejo, pero aquí solo eso encontrarás. Porque hace años que los seres humanos lograron enfriar esta parte del mundo, haciendo imposible que brote una zanahoria de estas tierras.»– «¿Cómo sabe que fueron los humanos?.»– «Porque así ha sido. Son tan altos y tan fuertes, han inventado tantos artefactos que han destruido nuestro hábitat y nosotros morimos de uno en uno.»– «Señor conejo, dígame usted que es viejo y sabio, ¿por qué los seres humanos hacen eso? ¿Es qué no se dan cuenta de que son nuestras familias a las que dañan y que nosotros jamás les hemos hecho daño?.»– «Hay conejo, eres joven, no comprendes la gran avaricia de los humanos, pero te contaré, ven siéntate aquí, cerca de la fogata.»– «Nosotros los conejos tenemos un hábitat donde vivimos muy bien. Sabemos que somos alimento de otros animales más grandes, pero además de cuidarnos de esos otros animales, tenemos que cuidarnos de los humanos. Pues ellos por avariciosos construyen cosas que dañan nuestro hábitat, reduciéndolo, ya no cabemos.»– «Pero son casas, tal vez es necesario porque son muchos sus familiares.»– «No conejo, no es por eso, construyen fábricas y otras cosas que contaminan nuestro aire, el agua y el suelo, para vivir mejor, para tener dinero, que es con lo que pagan lo que tienen.»– «Hace muchos años existían otras especies como el tigre dientes de sable, el mamut, el tigre de Tasmania, y otras más que desaparecieron. Porque los humanos los utilizaban para vestir y para vender sin notar que se extinguían, desaparecían conforme ellos exageraban por saber que tenían poder.»– «Además, observa conejo, observa bien, no hay agua en este lugar que pueda beberse, porque cuando vinieron la contaminaron y así la dejaron sin importarles nada.»– «Pero señor conejo, ¿por qué me dijo usted que ellos habían enfriado este lugar?»– «Porque allá en donde viven, aunque está lejos de aquí, tiran las envolturas de su comida, porque no comen lo mismo que tú y que yo. Comen alimentos en latas, en bolsas, en papel, y eso lo tiran al suelo, al campo o a un lado de los arboles.»– «Además, ellos no saltan como tú y yo, ellos inventaron algo que se llama automóvil, y este sirve a base de un líquido que se llama gasolina y causa un humo que desbarata la atmósfera. Y la atmósfera es importante para nosotros, para respirar, y con todo eso el planeta está en la locura. Lugares muy fríos como este, o muy calientes, y los animales ya no podemos sobrevivir a tanto cambio.»– «Los ecosistemas conejo, ese lugar donde vivimos cada uno de los animales y plantas. En donde interactuamos entre nosotros para sobrevivir y nos alimentamos, ya no depende de nosotros. Ahora, depende de si el ser humano no lo destruye, y si es así, tener que acostumbrarnos a otro clima, a otro alimento, y por lo tanto cambiar hasta fisiológicamente. Y eso, mi joven conejo, se llama evolucionar, y no todos los animales logramos hacerlo.»– «Pero, ¿Por qué lo hacen? ¿Es qué no les afecta nada de eso a ellos también?»– «Sí, pero no lo ven, están tan cerrados en su vida perfeccionista que no logran ver el daño para ellos y para los que siguen.»– «Dígame señor conejo, ¿qué deberían de hacer para no dañar los ecosistemas?»– «Pues no es tan difícil mi joven conejo, solo ser más racionales al momento de extraer algo de los ecosistemas. Aprovechar al máximo lo que extraen y que esto sea en verdad necesario. Además de no seguir utilizando la vida de los animales que casi no hay en el mundo, como los leopardos, las águilas, el tapir, el manatí, entre otros. Y así lograr que vuelvan a ser especies sin riesgo de extinción. Pues cada ecosistema necesita de estos animales, pues las cadenas alimenticias se manejan por jerarquía de depredadores, y así hay un balance dentro de ellos.»– «También podrían cuidar el agua, no utilizar más de la que verdaderamente necesita y tampoco tirar la basura en las calles pues es contaminación. Pero la que es más importante para la atmósfera es que aprendan a caminar, porque ellos no saltan como tú y yo Runny, ellos pueden caminar y dejar de usar esas cosas con ruedas que espantan y contaminan.»– «Y así se lograría una estabilidad en los ecosistemas y en nuestra vida.»– «Y en la vida de todos los animales del planeta, mi joven conejo.»– «Es usted un gran conejo, muy sabio, ojalá los seres humanos lo escucharán, tal vez entenderían lo que pasa.»– «Tal vezRunny, tal vez. Lo importante es que uno comience, y así todos los demás empezarán a entender.»Y Runny, se fue saltando a la choza vieja donde se encontraban sus papás, con unas cuantas hojas de aquel árbol que le había dicho el sabio conejo. Al llegar, se sentó a imaginar todo lo que el viejo conejo le había contado de los ecosistemas y de cómo los seres humanos vivían y como podrían mantener un ecosistema estable para que su vida fuese mejor, soñando lo que un ser humano puede comenzar a volver realidad.Fin.

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El jardín naturalHubo una vez un rey que tenía un gran palacio cuyos jardines eran realmente maravillosos. Allí vivían miles de animales de cientos de especies distintas, de gran variedad y colorido,que convertían aquel lugar en una especie de paraíso del que todos disfrutaban.Sólo una cosa en aquellos jardines disgustaba al rey: prácticamente en el centro del lugar se veían los restos de lo que siglos atrás habia sido un inmenso árbol, pero que ahora lucía apagado y casi seco, restando brillantez y color al conjunto. Tanto le molestaba,que finalmente ordenó cortarlo y sustituirlo por un precioso juego de fuentes.Algún tiempo después, un astuto noble estuvo visitando al rey en su palacio. Y en un momento le dijo disimuladamente al oido:- Majestad,sois el más astuto de los hombres. En todas partes se oye hablar de la belleza de estos jardines y la multitud de animales que los recorren. Pero en el tiempo que llevo aquí, apenas he podido ver otra cosa que no fuera esta fuente y unos pocos pajarillos... ¡Qué gran engaño!El rey,que nunca pretendió engañar a nadie, descubrió con horror que era verdad lo que decía el noble. Llevaban tantos meses admirando las fuentes, que no se habían dado cuenta de que apenas quedaban unos pocos animales. Sin perder un segundo,mandó llamar a los expertos y sabios de la corte. El rey tuvo que escuchar muchas mentiras, inventos y suposiciones, pero nada que pudiera explicar lo sucedido. Ni siquiera la gran recompensa que ofreció el rey permitió recuperar el esplendor de los jardines reales.Muchos años después,una joven se presentó ante el rey asegurando que podría explicar lo sucedido y recuperar los animales.- Lo que pasó con su jardín es que no tenía suficientes excrementos, majestad. Sobre todo de polilla.Todos los presentes rieron el chiste de la joven. Los guardias se disponían a expulsarla cuando el rey se lo impidió.- Quiero escuchar la historia.De las mil mentiras que he oído, ninguna había empezado así.La joven siguió muy seria, y comenzó a explicar cómo los grandes animales de aquellos jardines se alimentaban principalmente de pequeños pájaros de vivos colores, que debían su aspecto a su comida,compuesta por unos coloridos gusanos a su vez se alimentaban de varias especies rarísimas de plantas y flores que sólo podían crecer en aquel lugar delmundo, siempre que hubiera suficiente excremento de polillas... y así siguió contando cómo las polillas también eran la base de la comida de muchos otros pájaros, cuyos excrementos hacían surgir nuevas especies de plantas que alimentaban otros insectos y animales, que a su vez eran vitales para la existencia de otras especies...Y hubiera seguido hablando sin parar, si el rey no hubiera gritado.- ¡Basta! ¿Y se puede saber cómo sabes tú todas esas cosas, siendo tan joven?- preguntó.-Pues porque ahora todo ese jardín ahora está en mi casa. Antes de haber nacido yo, mi padre recuperó aquel viejo árbol arrancado del centro de los jardines reales y lo plantó en su jardín. Desde entonces, cada primavera, de aquel árbol surgen miles y miles de polillas. Con el tiempo,las polillasatrajeron los pájaros, y surgieron nuevas plantas y árboles, que fueron comida de otros animales, que a su vez lo fueron de otros... Y ahora,laantigua casa de mi padre está llena de vida y color. Todo fue por las polillas del gran árbol.- ¡Excelente! -exclamó el rey-.Ahora podré recuperar mis jardines. Y a tí, te haré rica. Asegúrate de que dentro de una semana todo esté listo. Utiliza tantos hombres como necesites.- Me temo que no podrá ser majestad- dijo la joven-. Si queréis,puedointentar volver a recrear los jardines, pero no viviréis para verlo. Hacen falta muchísimos años para recuperar el equilibrio natural. Con mucha suerte,cuando yo sea anciana podría estar listo. Esas cosas no dependen de cuántos hombres trabajen en ellas.El rostro del anciano rey se quedó triste y pensativo, comprendiendo lo delicado que es el equilibrio de la naturaleza, y lo imprudente que fue al romperlo tan alegremente. Pero amaba tanto aquellos jardines y aquellos animales,que decidióconstruir un inmenso palacio junto a las tierras de la joven. Y con miles de hombres trabajando en la obra, pudo verla terminada en muchísimo menos tiempo del que hubiera sido necesario para reestablecer el equilibrio natural de aquellos jardines en cualquier otro lugar.

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El ratón guardían del bosque.Era una mañana muy tranquila, estaba el señor león tratando de dormir. Parece que tenía frío porque había encendido una fogata para calentarse. De pronto llega un ratón muy preocupado por el medio ambiente y con mucha rapidez trató de apagarla.Ratón no se dio cuenta que el león lo miraba con un ojo mientras el otro lo mantenía cerrado, así es que siguió aplastando el fuego._ ¡Qué falta de educación!, exclamaba Ratón medioambiente._ ¡Cómo dejar fuego en medio del bosque!_ No se dan cuenta que podemos quemarnos.El león sin hacer ruido escuchó lo que decía don ratón y tras estirarse por largo rato, le dijo:-¡Qué te preocupa ratón! si tenemos muchos bosques ¡Qué importa que se quemen!Ratoncito, muy enojado le respondió:_No sabe señor león que usted se quedará sin hogar si permite que quemen el bosque._ ¿Qué dices ratón? -se apresuró preguntar don león-No había pensado en eso.-Pues así no más será. Usted se quedará sin hogar si no cuida el bosque.El señor león se quedó pensando y pensandoLuego, como se quedó muy preocupado, le dijo a ratoncito-Tenía ganas de comerte, por eso encendí el fuego.-Ah! -dice ratoncito, así es que tú fuiste- Y más encima tienes la osadía de contarme tus malas intenciones ¡Qué malvado eres!-No, no -dice el señor león. Ya no haré más travesuras. No encenderé nunca más fuego. Te prometo ayudarte para cuidar el bosque.Estaba tan asustado el león que finalmente el ratón lo perdonó y se hicieron muy amigos por muchos y muchos añosFIN

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Hermano Cielo, Hermana Águila.En una época tan remota que casi todo su rastro se ha perdido en el polvo de la pradera, un antiguo pueblo vivía en esta tierra que hoy llamamos América.Vivió allí durante miles de años y sus descendientes se convirtieron en las grandes civilizaciones indias de los choctaw y cherokee, los navajos, los iroqueses y los sioux entre muchas otras.Pero llegó un momento en que los colonos blancos procedentes de Europa iniciaron una sangrienta guerra contra los indios y, en el tiempo que dura una vida, reclamaron para sí, y se la quedaron, toda la tierra de los indios, y a éstos les dejaron tan sólo pequeñas porciones de tierra donde vivir.Cuando las últimas guerras indias estaban llegando a su fin, uno de los jefes más valientes y respetados de las Naciones del Noroeste, el Jefe Seattle, se sentó a una mesa con el hombre blanco para firmar un documento que le presentó el nuevo Comisario de Asuntos Indios del Territorio.El gobierno de los Estados Unidos deseaba comprar las tierras del pueblo del Jefe Seattle. Con una presencia impresionante y unos ojos que reflejaban la grandeza del alma que habitaba en su interior, el Jefe se levantó para dirigir con voz retumbante unas palabras a los reunidos.¿Acaso podéis comprar el cielo?, empezó el Jefe Seattle ¿Acaso podéis poseer la lluvia y el viento? Mi madre me dijo que toda esta tierra es sagrada para nuestro pueblo. Cada aguja de pino. Cada playa arenosa. Cada niebla en los bosques oscuros. Cada prado y cada insecto zumbador. Todos son sagrados en la memoria de nuestro pueblo.Mi padre me dijo: Conozco la savia que corre por los árboles como conozco la sangre que fluye por mis venas. Somos una parte de la tierra y ella es parte de nosotros Las flores perfumadas son nuestras hermanas. El oso, el ciervo, la gran águila… ellos son nuestros hermanos. Las cumbres rocosas, las praderas, los caballos – todos pertenecen a la misma familia.La voz de mis antepasados me dijo: El agua resplandeciente que corre por torrentes y ríos no es simplemente agua, sino la sangre del abuelo de tu abuelo. Cada reflejo espectral de las claras aguas de los lagos nos habla de recuerdos de la vida de nuestro pueblo. El murmullo del agua es la voz de la abuela de tu abuela.Los ríos son nuestros hermanos. Apagan nuestra sed. Transportan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Debéis tener para con los ríos la bondad que tendríais para con un hermano.La voz de mi abuelo me dijo: El aire es precioso. Comparte su espíritu con toda la vida que él sostiene. El viento que me dio mi primer aliento también recibió mi último suspiro. Debéis dejar en paz a la tierra y el aire, para que sigan siendo sagrados y el hombre pueda gozar del viento perfumado por las flores de la pradera. Cuando el último hombre rojo y la última mujer roja hayan desaparecido con su naturaleza salvaje y su recuerdo no sea más que la sombra de una nube que atraviesa la pradera,¿existirán aún las playas y los bosques? ¿Quedará algo del espíritu de mi abuelo?Mis antepasados me han dicho: Esto es lo que sabemos: La tierra no nos pertenece. Nosotros pertenecemos a la tierra. La voz de mi abuela me dijo: Enseña a tus hijos lo que te han enseñado. La tierra es nuestra madre. Lo que le sucede a la tierra les sucede a todos los hijos de la tierra.Escuchad mi voz y la voz de mis antepasados, dijo el Jefe Seattle. El destino de vuestro pueblo es un misterio para nosotros. ¿Qué ocurrirá cuando todos los bisontes hayan muerto y los caballos salvajes estén domesticados? ¿Qué ocurrirá cuando los rincones más secretos del bosque estén llenos del olor de muchos hombres? ¿Qué ocurrirá cuando la visión de las hermosas colinas esté empañada por la presencia de múltiples cables parlantes? ¿Dónde estará el bosque espeso? Desaparecido. ¿Dónde estará el águila? ¡Desaparecida! ¿Y qué ocurrirá cuando digamos adiós al rápido potro y a la cacería? Será el final de la vida y el principio de la supervivencia.Esto es lo que sabemos: todas las cosas están relacionadas como la sangre que nos une. Nosotros no hemos tejido la red de la vida, no somos más que un hilo de ella. Todo lo que hacemos a esta red, nos lo hacemos a nosotros mismos. Amamos esta tierra como un recién nacido ama el latido del corazón de su madre.Si os vendemos nuestra tierra, cuidadla como nosotros la hemos cuidado. Guardad en la memoria el recuerdo de la tierra tal como era cuando la recibisteis. Conservad la tierra, el aire y los ríos para los hijos de vuestros hijos, y amadla como nosotros la hemos amado. Los orígenes de las palabras del Jefe Seattle están en parte oscurecidos por las brumas del tiempo. Unos dicen que eran una carta, y otros un discurso.Lo que se sabe es que Seatle era un jefe respetado y pacífico de una de las naciones indias del noroeste de los Estados Unidos. A mediados de la década de 1850, cuando el gobierno norteamericano quiso comprar las tierras de su pueblo, agotado y derrotado, Seattle respondió en su lengua nativa, con una elocuencia natural que surgía de su tradición oral.Sus palabras fueron transcritas por el Dr. Henry A. Smith, que le conocía bien, y esta transcripción ha sido interpretada y reescrita más de una vez en nuestro siglo. Yo también he adaptado el mensaje del Jefe Seattle para este cuento. Lo importante es que las palabras del Jefe Seattle transmitían –y siguen transmitiendo– un mensaje lleno de verdad y de exigencia: en nuestra ansia de construir y poseer, podemos perder todo cuanto tenemos.Hemos tardado mucho en tener conciencia de la necesidad de conservar el entorno natural, pero hace más de un siglo muchos grandes jefes de los indios americanos –entre ellos Alce Negro, Nube Roja y Seattle– ya lanzaron un mensaje resonante al respecto. Para todos los nativos de América, todo ser y toda parte de la tierra eran sagrados; creían que dilapidar o destruir la naturaleza y sus maravillas era destruir la vida misma.Sus palabras no se comprendieron en su tiempo. Y ahora nos persiguen.Ahora se han hecho realidad, y antes de que sea demasiado tarde debemos escuchar.Fin

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Toño y PachamamaToño terminó de comer su helado y abrió la ventana del bus en que viajaba. Cuando se disponía a lanzar la envoltura a la calle, la voz de su mamá sonó enérgica:– ¡Nooo!– ¿Qué pasa, ma? –preguntó Toño extrañado.– ¿Qué es lo que pretendes hacer, hijo?– Voy a echar la envoltura del helado porque ya acabé de comerlo.– ¿En la calle? Toño, ¿cuándo nos has visto a tu padre o a mí echar basura en la calle?– A ustedes nunca, pero a otros adultos sí y a cada rato. Y no solo echan basura, también escupen.– Que lo hagan muchos no quiere decir que esté bien. Cuando termines de comer y te encuentres en la calle, debes guardar las envolturas hasta que encuentres una papelera o llegues a la casa.– Ay, mamá, qué fastidio estar con la envoltura en el bolsillo.– Sé que no es muy cómodo, pero ensuciar las calles es peor.Y así era siempre: “Toño, cierra el grifo mientras te cepillas”, “Toño, cierra la ducha mientras te jabonas”; “Toño, apaga la luz si no estás utilizándola”, etc, etc, etc…Toño no entendía por qué sus papás estaban tan obsesionados por no ensuciar las calles, ahorrar la electricidad, reutilizar cosas como botellas de vidrio y papel de regalo, y, sobre todo, cuidar el agua… ¡Si había tanta! ¡Todos los mares, ríos y lagos del mundo estaban llenos de ella!Era imposible siquiera pensar que se acabaría un día. Así que cuando sus papás no estaban, nuestro amigo Toño tenía encendidos al mismo tiempo el ordenador, el televisor y todos las luces de la casa; no se preocupaba por cerrar el grifo ni la ducha mientras se aseaba y, en fin, hacía aquello que sus papás le pedían que no hiciese.Precisamente una noche de verano en la que se había ido a la cama enojado con sus padres porque se negaron a comprarle una bolsa de globos de aquellos que se llenan de agua y se hacen explotar en el cuerpo de la gente, Toño tuvo un sueño… O tal vez no fue un sueño…Abrió los ojos y, parada al pie de su cama, vio a una mujer mayor, diríase que de la edad de su abuelita, muy hermosa; su piel tenía el color de la tierra mojada, su cabello y ojos eran muy negros y estos últimos relucían como dos estrellas. Estaba cubierta por un gran manto verde que parecía hecho de hojas y hierba.El miedo lo sobrecogió al inicio, pero al percatarse de la expresión tristísima con que la mujer lo miraba, la compasión lo invadió y preguntó:¿Quién es usted?– Soy Pachamama, querido hijo.– ¿Hijo??– Sí, eres mi hijo, yo soy la madre de toda la humanidad. Soy la Madre Tierra. Soy los árboles, los lagos, los mares, los ríos, los desiertos, los animales, las flores y las montañas.– ¿Por qué está triste?– Porque muchos de mis hijos me maltratan, no me quieren ni me cuidan. Mira. –y le mostró a Toño sus brazos llenos de moretones y cortes. Tenía, además, en la cara, varias rasgaduras.– ¿Quién le hizo todo eso? – interrogó Toño muy indignado.– Ustedes. ¿Ves esta herida de aquí? – preguntó mientras mostraba su hombro desgarrado- Un grupo de mis hijos buscan oro debajo de una laguna en la sierra y para hacerlo la están destruyendo, es decir, me están destruyendo. Cada día de excavación esta herida se hace más profunda. Las lesiones más grandes que tengo me las ocasionan los que como ellos destruyen árboles, lagos y asesinan animales por ganar dinero.También tengo heridas por dentro. Mis pulmones están llenos del humo que despiden las industrias y los automóviles de otros hijos míos. Poco a poco estoy muriendo. Toño empezó a llorar. Aunque era la primera vez que veía a la mujer, sentía que la conocía de toda la vida y que la quería. Por eso su sufrimiento le causó dolor.¿Puedo hacer algo para que no mueras?– Sí, puedes dejar de lastimarme tú también.– ¿Yoooo?, pero… ¿Cómo? – preguntó Toño sin lograr reprimir su asombro.– Estos pequeños cortes en mi cuerpo me las ocasionan los que como tú me maltratan con detalles que parecen insignificantes como malgastar el agua, abusar de la energía eléctrica, ensuciar las calles y producir mucha basura.– ¡Oh, Pachamama! Sí sé que es malo ensuciar, pero lo de la luz y el agua no lo entiendo bien. Dime, ¿te maltrato encendiendo muchos aparatos eléctricos?– Querido hijo, para producir energía eléctrica se tiene que utilizar sustancias contaminantes. Es por eso que debes usar solo la necesaria. Si estás viendo televisión, apaga los demás aparatos y siempre desconéctalos. Si nadie está en la sala o en la cocina, apaga las luces de ahí.– ¿Y el agua? ¿Por qué debo cuidarla si hay mucha?– Te equivocas. No podemos consumir agua de mar por la gran cantidad de sal que tiene, solo agua dulce (de ríos y lagos) y esta es muy escasa. Hay pueblos enteros que mueren de sed mientras tú la desperdicias. Como no eres el único, pronto se acabará en todo el mundo.– Lo siento, madre, te prometo que no lo haré más.-Eso espero. Me hace muy feliz cuando percibo el amor de mis adorados hijos.Pachamama sonrió y su sonrisa era bellísima.– Observa esto -dijo mientras mostraba un pequeño corte en la palma de su mano. Toño pudo ver como, casi mágicamente, el corte cerraba y la mano quedaba curada.– Esta herida ha cerrado gracias a una niña que acaba de sembrar un árbol. Tus papás también me han curado muchas. Sé que les gusta reciclar, por ejemplo.– Sí, ellos no desperdician casi nada. Una botella vacía la convierten en un adorno. Mis portalápices los hacen con latas usadas, con la ropa vieja hacen títeres, etc. Antes me molestaba que no me compraran tantas cosas nuevas, pero ahora que sé que eso te alivia…– Me conforta y me hace feliz. Si todos mis hijos hicieran los mismo yo estaría sana y sin magulladuras.– ¡Entonces no vas a morir!– Todavía tengo esperanzas. Si me cuidas y enseñas a tus amigos a amarme como yo los amo, viviré.– ¡Lo haré, te lo prometo!– Gracias, hijo mío. – sonrió Pachamama, y luego besó a Toño en la frente. Este cerró los ojos para recibir el beso y cuando los abrió nuevamente ya no estaba.Toño volvió a dormirse, pero nunca olvidó a Pachamama ni la promesa que le hizo. Desde entonces se esfuerza por cuidarla y protegerla.Fin

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Ellibromágico de laNaturalezaAsier Saiz RojoAmaia Saiz AndrésilustracionesCarmen RamosGracias a Charo y a Leire, que nos hananimado y apoyado durante el desarrollo de estelibro,como hacen siempre.1.- MI LIBROEl día que yo nací hacía mucho viento. Mis padres me han contado que los cristales de las ventanas estaban a punto de romperse y que las tejas de las casas se movían. Sin embargo, cuando ese día empecé a llorar por primera vez, el viento se paró. Por eso mis padres me quisieron llamar “Viento”, pero mis abuelos dijeron que parecía el nombre de un chico y que yo era una niña. Mi abuelo, quehabíaviajado mucho cuando era joven, dijo que me llamaría “Haizea”, que es lo mismo que viento pero en otroidioma.Ahora tengo diez años y vivo con mis padres en un pequeño pueblo de casas blancas rodeado de campos de cultivo. Es un pueblo bonito, aunque siempre he pensado que le falta algo… ¡Siempre he pensado que le faltan más colores!Cuando miro desde la ventana de mi casa solamente veo elcolor de la hierba. Es verdad que ese color cambia durante elaño. Por ejemplo, en primavera es verde, en verano amarillo, en otoño marrón y en invierno blanco, por la nieve. Un día lepregunté a mi padre que por qué era todo del mismo color,y mi padre me dijo que era porque en el pueblo todos sembramos trigo y el resto de los árboles se han quitado para aprovechar mejor elterreno.De lunes a viernes voy al colegio. El resto del tiempo lo paso jugando con mi amigo Gustavo y “Calavera”. Calavera es mi perro, que me acompaña a todos los sitios menos al colegio, porque no le dejan entrar.A mi amigo Gustavo le llamamos “Gus Supercontento”. Gusporque es más corto que Gustavo y Supercontento,porque siempre ve la parte alegre de la vida y está “super-contento” todo el rato. Es maravilloso jugar con él.Gus, Calavera y yo nos pasamos el día corriendo y jugando por nuestro pueblo. Creo que nadie lo conoce mejor que nosotros.Un día estábamos jugando a escondernos de los mayores, cuando Calavera se puso enfermo. Se tumbó en el suelo yempezó a quejarse como si le doliese mucho la tripa. Yole cogíen brazos y le llevé a casa. Mis padres le pusieron cómodo en un sofá, pero me dijeron que no sabían cómo curarle porque enel pueblo había pocas medicinas y no conocían ninguna paralosperros.Yo me puse muy triste y salí a buscar a mi abuelo, que es una de las personas más sabias que conozco. De hecho, cuando alguien en el pueblo tiene algún problema suele pedirle consejo a él.Mi abuelo me dijo que él no sabía cómo se curaba a los animales. Me contó que en alguno de los viajes que hizo vio como en otros lugares curaban a los animales con algunas plantas, pero que en nuestro pueblo creía que no existían esas plantas.Me puse muy triste y empecé a llorar. Mi abuelo me abrazó muy fuerte, como hacía siempre, poniendo su cabeza encima de la mía. Yo nunca había sentido tanta pena, porque Calavera era muy importante para mí y quería ayudarle. No quería que le doliese o que se pusiese más enfermo.Entonces mi abuelo se acercó y me dijo al oído:¡Creo que tengo una idea, aunque tiene que ser un secreto entre tú yyo!Me llevó a la cocina, para que no nos oyera nadie y me sentó en una de las sillas. Sacó un vaso de leche y me dijo que leesperara allí. Después de unos minutos volvió con un paquete que puso en la mesa y cerró suavemente la puerta de lacocina.Se puso muy serio y me dijo que tenía una cosa para mí guardada desde el día que nací. Me entregó un paquete cuadrado y plano cubierto por una tela llena de polvo y me dijo que lo abriera. Lo abrí despacio y apareció un libro antiguo con muchas páginas. Me puse muy contenta, porque a mí me encanta leer. Yo creía que mi abuelo quería que me olvidase de la enfermedad de Calavera y me pusiese más contenta.Me dijo que lo abriese y le hice caso. La primera página era de color verde, aunque no tenía ninguna letra. Pasé a la siguiente página y empecé a leer lo que ponía. En la parte superior ponía “Trigo” y en el resto de la página explicaba para qué servía el trigo, que es el cereal que se siembra alrededor de todo mi pueblo.Cuando terminé de leerlo, pasé de página y vi que estaba en blanco. Seguí pasando el resto de hojas del libro y vi que todas estaban vacías, sin letras. Miré a mi abuelo y le dije:¡Vayalibro, abuelo! ¡Vayalibro más aburrido! Sólo tiene una página que habla del trigo. ¡Con este libro no voy a aprendernada!Mi abuelo me contestó:Tenpaciencia y escucha el secreto que tengo que contarte. Este libro lo encontré el día que tú naciste y que hacía tanto viento, justo antes de que se detuviera, por lo que entendí que el libro era para ti y te lo he guardado todos estosaños.Entonces hizo una pausa y continuó muy serio:− Es un libro mágico. Este libro tiene el poder de descubrir para qué sirve cualquier elemento de la naturaleza. Solamente tienes quecolocar lo que quieres investigar en la primera página, la de color verde, y esperar.Entonces el libro mágico escribirá una página contodas las funciones y propiedades de lo que hayas colocado. Cuando lo encontré estaba en blanco y pensé que no serviría para nada. Sinembargo, cuando lo estaba cerrando, el viento arrastró una espiga de trigo que cayó en la página verde. Cuando lo volví a abrir surgió lo que acabas de leer y comprendí para quéservía.Me quedé un poco confundida, porque no sabía exactamente para qué podía utilizar el libro. Mi abuelo me miró y me dijo que quizás podía utilizarlo para encontrar una planta que curara a Calavera. Entonces lo comprendí todo y salí corriendo de la casa de mi abuelo con el libro debajo del brazo.Lo primero que hice fue ir a buscar a mi amigo Gus y se loconté todo. Se quedó un poco extrañado y me dijo que nunca habíaoídohablardelibrosmágicos. Despuéssonriósupercontento ygritó:− Pero puede ser muy divertido descubrir los secretos del libro e intentar curar a Calavera.2.- APRENDIENDO A USAR EL LIBROGus y yo salimos de casa y cruzamos rápidamente el pueblo. Yalejos de las casas, empezamos a buscar plantas diferentesal trigo que se pudiesen poner dentro del libro. Si acertábamos con la planta adecuada podríamos curar aCalavera.Sin embargo, no era nada fácil encontrar plantas diferentes. Todoestaba cubierto por el trigo que plantaban los vecinos del pueblo y que servía para hacer harina y después conseguir pan.Gus me dijo que esto iba a ser imposible. No había plantasdiferentes, por eso solamente se veía un solo color alrededor de nuestropueblo.Entonces le dije:− ¡No hay nada imposible, y no pienso rendirme! Vamos hasta el río seco, que allí no hay trigo y quizás encontremos otras plantas.Después de recorrer un largo camino llegamos hasta una zona diferente. Su abuelo le había contado que antiguamente por allí discurría un río, pero que desviaron el agua para regarlastierras. Ahora no había agua. Yobuscaba algún tipo de árbol o arbusto, pero no veía nada.De repente Gus dijo:Haizea, corre, ven aquí. He encontrado una planta distinta. Está escondida en ese hueco y tiene una flormorada.Era una planta pequeña con hojas alargadas sobre las que sobresalían unos tallos más altos que los demás, que me parecieron preciosos. Gus fue a arrancarla y rápidamente le grité:¡Para, Gus! No la arranques. Es la única planta que hay.Creo que es mejor que solamente cojamos un trozo y así el resto seguirá creciendo.Mi amigo sonrió y dijo que sí con la cabeza. Se agachó y cogió el trozode una rama. Yole dejé el libro y él lo puso en la primera página, la que era de color verde. Lo cerró y lo volvió a abrir.Como estábamos muy nerviosos nos chocamos con la cabeza al ponernos rápidamente encima del libro para ver qué ocurría,y pasamos las primeras páginas. Sin embargo, no había ocurrido nada. El libro seguía igual queantes.Gus y yo nos miramos tristes y nos sentamos en el suelo, sin entender lo que había pasado. Saqué la rama del libro y le pregunté a mi amigo:¿Hemos hecho algo mal? ¿Se habrá estropeado el libro? Igualno sirve para nada y no vamos a encontrar ninguna medicina paraCalavera.Gus se quedó pensando y me dijo:Haizea, inténtalo tú esta vez. Igual sólo funciona contigo y con las personas de tufamilia.Le miré extrañada, pero pensé que por intentarlo no pasaba nada. Cogí la ramita de la planta y la puse en la primera página. Cerré el libro y lo volví a abrir, aunque no estaba muy convencida.En la primera página continuaba la ramita tal y como la había colocado. Pasé la primera hoja con cuidado y vi la segunda página dedicada al trigo. Pasé una hoja más y de repente me quedé paralizada. La siguiente página también estaba escrita,y tenía un dibujo exacto de la planta que habíamos encontrado.Los dos nos pusimos rápidamente a leer lo que ponía. En la parte superior de esta nueva página ponía: “Lavanda o Cantueso”. A continuación el libro explicaba que es un pequeño arbusto con hojas de color verde grisáceo, que tienen pequeños pelos. Las flores son rojas o violetas y huelen muy bien. Al final de la página ponía para qué servía. Decía que se usa principalmente para hacer perfumes.Cuando terminamos de leerlo, le dije a Gus:¡Esto es increíble! Piensa en todas las cosas que podemos aprender con estelibro.Él me respondió muy sabiamente:Tienes razón, Haizea, pero esta planta no nos sirve para curar a Calavera. Tenemosque seguirbuscando.Yoagarré con fuerza el libro mágico porque no quería que se me perdiera, mientras nos levantamos y nos fuimos a buscar másplantas.Después de dar vueltas toda la tarde, no encontramos ninguna planta diferente y nos fuimos a casa. Antes de ir a ver a Calavera pasamos a ver a mi abuelo y le conté lo que había ocurrido con el libro.Él sonrió y me dijo que tenía que cuidar el libro porque era un regalo muy especial que debía utilizar correctamente. Entonces le dije:Abuelo, lo que me preocupa ahora es que no hemos encontrado más plantas y no sé cómo vamos a curar a Calavera.Él me respondió:En esta comarca quedan pocas plantas. Recuerdo que cuando era joven visité pueblos con muchas más plantasyanimales.Una vezmeenseñaronque esosellamababiodiversidad.Gus se empezó a reír,porque le hacen gracia las palabras largas que no entiende. En clase siempre le pasa. Cuando la profesoradicepalabrascomo“circunferencia”, “otorrinolariongólogo”, y sobre todo “esternocleistomastoideo”, no puede parar de reírse y a veces lecastigan.Mientras Gus cogía aire y se le quitaba la cara roja de reírse, le pregunté:−¿Qué es eso de la biodiversidad, abuelo?La biodiversidad es cuando en una comarca hay muchasplantas y animalesdiferentes.¿Y dóndeestánesospuebloscon biodiversa…, obioversa, o eso que has dicho, abuelo? -lepregunté.Creo que hacia el oeste, a un día de camino, aunque hace mucho tiempo que no he vuelto por allí. Recuerdo un pequeño pueblo situado al oeste, donde cuidaban mucho todaslas plantas, insectos y animales, porque decían que cada uno de ellos es muy importante para el entorno, aunque no loparezca. Por ejemplo, me contaron que si desapareciesen lasabejaslasplantasno darían frutosy loshumanosno tendríamos nada para comer -merespondió.Gus y yo nos miramos y sonreímos, sin que se diese cuenta mi abuelo. Los dos sabíamos lo que estábamos pensando. Al día siguiente era sábado, un día perfecto para hacer un viaje.Cuando volví a casa Calavera seguía enfermo. Cené rápidamente y me fui a mi habitación. Cogí dos mochilas. En la primera metí sin que me vieran mis padres el libro mágico, una brújula que me había regalado mi padre y todas las galletas que encontré en casa.La segunda mochila era para que viajase Calavera. La llevaría Gus al día siguiente por la mañana cuando viniese a recogerme justo a la salida del sol.3.- ELVIAJEAl día siguiente me desperté muy temprano. No podía dormir porque estaba muy nerviosa. Todavíano había amanecido, así que me pusea escribir una carta a mis padres para que no se preocupasen. Lespuse que iba a estar todo el día jugando con Gus y que comería con él en el campo.Dejé la nota a mis padres en la cocina y cogí a Calavera del sofá con mucho cuidado. Lo envolví en una manta y lo metí en la mochila más grande de las dos, con la cabeza por fuera.Cuando estaba apareciendo el sol por el horizonte, salí de casa muy despacio para no hacer ruido. Fuera de casa ya estaba Gus esperándome con esa cara de felicidad que tiene siempre. Le di la mochila con Calavera y saqué la brújula. Señalé el oeste según me indicaba la brújula y le dije a Gus:− ¡Por allí! VamosGus, antes de que nos vea alguien y nos pregunte a dónde vamos tantemprano.Estuvimos andando toda la mañana. De vez en cuando parábamos a comer alguna galleta o a beber agua. Al principio del viaje todo era muy aburrido. El paisaje era el mismo y hacía mucho calor porque no había árboles que nos diesen sombra.Al final de la mañana la cosa cambió. Empezamos a ver algunos árboles y arbustos de distintos colores. Algunos teníanlas hojas claras y eran muy altos. Otros tenían menos altura y eran redondos con frutos de colores. De repente el camino se introdujo en un bosque precioso donde se oían muchos pájaros. El sol no llegaba al suelo, y encontramos entre la hierba unas cosas muy raras que parecían paraguas para muñecas detodos loscolores.Continuamos andando a ver si encontrábamos el pueblo delque nos habló mi abuelo, aunque creíamos que estábamos en otromundo, porquetodoera muydiferentea loqueconocíamos.Finalmente el bosque se abrió y apareció un río sobre el que había un puente de piedra. Los lados del río estaban cubiertos por todo tipo de plantas. Vimos unos pájaros de color azul y naranja que se lanzaban desde las ramas de los árboles para pescar peces. Los peces saltaban fuera del agua para comer insectos. Algunos insectos caminaban sobre el agua con sus pequeñas patitas.Yo estaba fascinada. Allí donde miraba veía algo nuevo.Gus estaba curioseando cerca de unos arbustos porque quería empezar a usar el libro, aunque no sabía por qué planta empezar. De repente, salió corriendo y no se detuvo hasta que le grité:Gus, ¿dónde vas? No corras, que llevas a Calavera en la mochila y se puedecaer.Haizea, ten cuidado, es un pueblo encantado-me respondió.Yome empecé a reír,lo que se me hizo muy extraño. Nunca mehabía reído tanto yo sola mientras Gus tenía esa cara de preocupación. Siempre solía ser al revés: ¡quizás fuese unpueblo encantado de verdad!¿Por qué dices eso? -lepregunté.Estaba mirando esos arbustos y de repente una rama ha empezado a andar sola. ¡Tiene que sermagia!Le dije que eso era imposible y me acerqué a comprobarlo. La verdad es que no veía nada raro, aunque de repente noté una pequeña rama que se movía sola encima de las hojas del arbusto. Me asusté un poco, aunque no dije nada para no preocupar a Gus.Lo miré con más cuidado, ya que la rama mágica se movíalentamente y no parecía peligrosa. Cuando me acerqué más me fijé que tenía varias patas, dos minúsculos ojos en la cabeza y dos enormesantenas.Gus, ven, corre. Yocreo que esto no es magia. Yocreo que esto es un insecto un pocoraro.Gus vino despacio y se puso detrás de mí, como si en el caso de que saliese un brujo del arbusto, yo pudiese defenderlo sin dificultad.De repente, se echó a reír como hace siempre y me dio la razón.− Pues parece que sí, Haizea. Parece un insecto, aunque no había visto nada parecido en mi vida.Levantamos la vista del río y al otro lado del puente vimos un pequeño pueblo, por lo que cruzamos para ver si alguien nospodía ayudar.Era un pueblo pequeño, como el nuestro, aunque no se parecía mucho por la cantidad de plantas y colores que tenía. Había muchos árboles y arbustos entre los cultivos, que a su vez eran diferentes entre sí. Las casas, aunque eran blancas, tenían plantas que trepaban por las paredes y flores preciosas. En la iglesia había un enorme nido, más grande quesus campanas, donde había dos pájaros blancos. Debajo deltejado de una de las casas vimos unas bolas marrones de barroque no sabíamos para que servían. De repente de una de ellas surgió un pájaro pequeño y oscuro que tenía dos colas muylargas.Yo iba caminando con la boca abierta sin ver a nadie, hasta que llegamos al otro lado del pueblo. Allí había varias filas de árboles con unas frutas de colores. En uno de los árboles se había subido un niño, que le lanzaba las frutas a otros dos que estaban en el suelo guardándolas en unos sacos.Nos acercamos y nos presentamos:Buenos días. Yosoy Haizea. Éste es Gus y el de la mochila Calavera.En ese momento se bajó el niño que estaba sobre el árbol y que parecía el más valiente y nosdijo:Hola, yo soy Esteban y estos son mis hermanos. Estamos ayudandoa nuestros padres a recoger la fruta,¿queréis un albaricoque?Gus agachó la cabeza y empezó a reírse un poquito. La palabra albaricoqueya era lo suficientemente larga para hacerleun poco de gracia.Le dije que sí, ya que estaba aburrida de comer galletas todo el día.Esteban nos preguntó:Y,¿para qué habéis venido a nuestropueblo?Al principio dudé si contarles nuestra historia ya que no les conocía de nada y podían robarnos nuestro libro mágico. Sinembargo, pensé que podían ayudarnos ya que muchas cosasde ese pueblo eran nuevas paranosotros.Los tres escucharon con mucha atención nuestra historia y nos dijeron:Si nos ayudáis a recoger las frutas que quedan y a llevarlas a nuestra casa, os ayudaremos. Conocemos estepueblo como las palmas de nuestrasmanos.Aceptamos el trato y les ayudamos a terminar de recoger lafruta que Esteban iba lanzando desde el árbol. Después cogimos entre todos los sacos de tela y regresamos alpueblo.Durante el camino aproveché para informarme:Esteban, aquí hay muchas cosas que no hemos visto en nuestro pueblo. Por ejemplo, ¿cómo se llaman esos pájaros de la iglesia?Son cigüeñas. Vienen cuando está terminando el invierno y viven en ese nido que todos los años arreglan con ramas. Después se vuelven a ir hacia elsur.Entonces Gus continuó preguntando:Y ¿cómo hacéis esas bolas que pegáis debajo de los tejados donde viven unos pájaros pequeños yoscuros?Esteban le miró como si viniésemos de otro planeta y le respondió:Son golondrinas. Esas bolas son sus nidos. Los hacen ellas mismas con barro que recogen en los charcos y lo transportan en sus picos. Dentro viven suscrías.Cuando llegamos a casa de Esteban dejamos la fruta y nos dijeron que les siguiésemos. Nos llevaron por un pequeño sendero que cruzababajo árboles de distintas especies, al lado de huertas repletas deverduras diferentes, y al final fuimos a dar a un pequeño prado cerca delrío. Entonces Estebandijo:Bueno, ¿por dónde queréisempezar?¿Conoces alguna planta que sirva de medicina? -le pregunté.Él me miro de nuevo como si realmente viniésemos de otro planeta y me respondió:Enrealidad muchas plantas tienenpropiedadesmedicinales. Lo que tenemos que buscar es una que sirva paracurar muchas cosas, porque no sabemos qué enfermedad tieneCalavera.Bueno, pues manos a la obra. Vamosa traer ramas de las plantas que encontremos y que Haizea las vaya colocando en el libro −dijo Gus con su felicidadhabitual.Me senté en el suelo y el resto de niños se fueron corriendo cada uno hacia un lado. Esteban se dirigió a un pequeño murode piedra donde había muchas plantas. Sus hermanos sefueron hacia la zona de los árboles y Gus alrío.Yo me quedé con Calavera, que seguía con los ojos cerrados, como si estuviese dormido.En ese momento me acerqué a la oreja de Calavera y le susurré:Espero que te cures muy rápido, porque te lo vas a pasar genial jugando en estepueblo.4.- EL REGRESO ACASAGus, Esteban y sus hermanos me empezaron a traer todo tipo de plantas y hierbas. Las dejaban a mi lado en el suelo y volvían a por más.Yo las iba colocando en el libro y después leía lo que la magia escribía sobre cada planta. Empecé a conocer el nombre de muchas plantas diferentes y a aprender su utilidad.Esteban me trajo varias hierbas muy interesantes, que el libroexplicórápidamente.La primera planta se llamaba “Cola de Caballo”, y el libro decía que servía para cicatrizar heridas y curar las enfermedades de los riñones.La segunda hierba tenía una preciosa flor blanca y amarilla y se llamaba “Margarita”. Esta planta también servía para curar las heridas y para aumentar el apetito.Los hermanos de Esteban trajeron varias plantas del bosque como la “madreselva”, que servía para curar gripes y catarros y para evitar la tos. También trajeron una planta con pinchos, que se llamaba “Espino”. Servía para quitar la fiebre.Gus, que venía del río, llegó el último. Entre las ramas que trajo y que consulté en el libro estaba una que se denominaba “Saúco”. Este arbusto servía para quitar los dolores de cabeza y curar lasinflamaciones.Cuando llevábamos un buen rato les reuní a todos y les dije que teníamos un problema. Teníamosmuchas plantas que servían para muchas cosas, pero no sabíamos qué enfermedadtenía Calavera, por lo quepregunté:¿Cómo vamos a saber qué planta darle a Calavera para que le cure?Podemos prepararle una ensalada con muchas de lasplantas −dijoGus.Esteban se empezó a reír. Gus siempre acababa por hacernos reír a todos.− Pero Gus, ¿has visto alguna vez comer a un perro una ensalada? – le dijoEsteban.− Pues la verdad es que no –continuó Gus−. De todas formas, Haizea, toma esta última rama, que me ha costado mucho cogerla. No había forma de cortar la rama del árbol ycasi me caigo alrío.La coloqué en el libro para que Gus se quedara tranquilo, mientras iba pensando qué planta podríamos utilizar de todas las que teníamos. No sabía cómo resolver el problema para acertar con la hierba adecuada.Abrí el libro y leí con curiosidad lo que ponía. La rama era de un árbol denominado “Sauce”, que vive junto a los ríos, muy cerca del agua. El libro mágico explicaba que el sauce tiene unos componentes que curan muchas enfermedades a la vez. Además elimina las inflamaciones, quita el dolor y la fiebre.En esos momentos abrí los ojos y dije a mis amigos:¡Esto es lo que estábamos buscando! Ésta es la medicina que tenemos que dar aCalavera.Y,¿cómo se la damos? – preguntóEsteban.El libro pone que lo mejor es utilizar la corteza– respondí mientras leía los últimos párrafos dellibro.Todosmis amigos salieron corriendo hacia el río en busca de corteza de sauce. Cuando volvieron traían tanta corteza de sauce que podríamos curar a todos los animales de mi pueblo, incluidoslosratonesdeltrasterodemi abuelo.Pusimos varios trozos de lacorteza de sauce en un bote y lo trituramos con algunas piedras. Despuésechamosun poco de agua y se lodimos a Calavera, que s el o b e b ió rápidamente, porquetenía muchased.G u a r d a m o s c o n cuidadoell ibroy algunas de las ramas y hierbas que habíamos recogido y volvimos al pueblo.Cuando llegamos cerca del puente de piedra, le dijimos a Esteban que teníamos que volver a nuestro pueblo, porque si no nuestros padres se iban a preocupar. Esteban, con sus dos hermanos al lado, nos miró con mucha pena. Yotambién me puse triste, ya que me encantaba ese pueblo y habíamos descubierto tres nuevos buenosamigos.Cuando nos íbamos, de repente oímos un ruido que nos paralizó. Era un ladrido: el inconfundible ladrido de Calavera, que movía la cabeza sin parar desde la mochila. Esteban y sus hermanos vinieron corriendo mientras Gus dejaba la mochila en el suelo y Calavera salía y empezaba a bostezar y a saltar.Todos nos pusimos muy contentos y nos dimos un abrazo muy fuerte. Calavera también se quería sumar al abrazo y saltaba sobre nuestras piernas. “¡Lo hemos conseguido!”, pensé.Volvimos rápidamente a nuestro pueblo por el mismo camino, aunque esta vez con las mochilas vacías y Calavera corriendo delante de nosotros. Llegamos a casa justo cuando se estaba poniendo el sol. Menos mal que casi era verano y que los días eran ya muy largos.Lo primero que hicimos fue ir a ver a mi abuelo. Le conté toda la historia que habíamos vivido y le enseñé el libro y todas las páginasescritas.Mi abuelo me dijo que estaba muy orgulloso de mí, y añadió:Haizea, ¿ves lo importante que es viajar y aprender cosasnuevas?Sí abuelo, y además hemos hecho nuevos amigos-respondí.− Y ahora, ¿qué vas a hacer con todo lo que hasaprendido sobre labiodiversidad?Le respondí que a partir de ahora iba a aprender todo lo que pudiese sobre las plantas y los animales.Gus ya estaba en el suelo boca arriba riéndose sin parar al oír la palabra “biodiversidad”. Calavera estaba a su alrededor saltando ylamiéndole la cara. Todohabía vuelto a lanormalidad.Le di un beso muy fuerte a mi abuelo y nos fuimos a casa. La verdad es que yo estaba agotada de andar y de llevar el libro encima todo el día. No lo había soltado desde que salimos porque no lo quería perder.5.- EL DÍA SIGUIENTEAl día siguiente me levanté muy tarde de la cama. Abrí laventana y volví a ver todos los campos amarillos de mi pueblo. Todosiguales y aburridos. Recordaba el pueblo donde vivía Esteban y sus hermanos y lo bonito que eran todas esas plantas yanimales.En ese momento me di cuenta que tenía que hacer algo para mejorar este problema. Tenía que trabajar para que los vecinos de mi pueblo entendiesen la importancia de tener muchos colores y formas diferentes. Estaba segura que eso les haría sentirse más felices.Después de comer me senté en mi mesa y me puse a hacer los deberes, ya que al día siguiente era lunes y teníamos colegio. La profesora nos había encargado que hiciésemos una redacción en la que apareciese la palabra dinosaurio. Mi redacción se tituló: “Un mundo con muchos colores” y la escribí así:“Érase una vez un dinosaurio que se cansaba de ser siempre verde porque quería ser de colores. Un día salió el arcoíris y aprovechó para robarle los colores. A cada rato, el dinosaurio cambiaba de color, lo que era muy divertido, pero a cambio el mundo se había quedado gris. Así no le gustaba, por lo que devolvió los colores al arcoíris. A partir de ese día no le importó ser verde como el resto de dinosaurios”.

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