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La calle y el pueblo a modo de contrapoder

Ni una menos

El nueve nadie se mueve

Érase una vez catorce mujeres

También la lluvia

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Argentina clama “ni una menos” contra los feminicidios por quinto año consecutivo

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Centenares de mujeres marcharon en Argentina en la manifestación anual convocada por el movimiento “Ni una menos”. Los feminicidios y la legalización del aborto centraron las protestas de este 3 de junio.El grito “ni una menos” vuelve a oírse en Argentina. Es la quinta marcha que se celebra anualmente cada 3 de junio para denunciar los feminicidios, es decir, los asesinatos por violencia de género. La manifestación principal se convocó en Buenos Aires, la capital argentina, pero hubo varias protestas en otras ciudades del país.El movimiento “Ni Una Menos”, que nació en 2015, cuando se celebró la primera marcha, anunció que la convocatoria de este año se dirige contra las “violencias sexistas, económicas, racistas”, contra “el ajuste del gobierno y el FMI” y a favor del “aborto legal ya”. En Buenos Aires, la manifestación empezó ante el Congreso argentino hasta la Plaza de Mayo."Ni Una Menos", el fenómeno que llega hasta NetflixEl movimiento “Ni Una Menos” se convirtió en un fenómeno en expansión a partir de 2014 que se contagió a muchos países latinoamericanos, como Ecuador y Chile, y que centró el debate público en la violencia de género en la región.Leila Tarditi, una activista que asistió a la manifestación de este 3 de junio, recuerda que el movimiento “impuso un nuevo pensamiento”: “fue como una liberación para todas, porque fue poner sobre la mesa lo que nos pasa a todas, que nos matan en la calle, que nos gritan en la calle, que nos acosan todos los días”.De hecho, la visibilización de “Ni Una Menos” es tan amplia que hasta la plataforma audiovisual Netflix en Argentina publicó un video donde las protagonistas de la serie 'Orange Is The New Black', una producción famosa por sus personajes femeninos y de la comunidad LGBT, animaban a las mujeres argentinas a movilizarse este 3 de junio: “la lucha que iniciaron no ha pasado desapercibida”, dicen en un video, y agregan que “luchen por lo que se merecen, por la igualdad, el reconocimiento, el orgullo y la autonomía sobre sus propios cuerpos”.“Ni Una Menos” se retroalimentó en los últimos años con la otra gran movilización feminista, la que reclama la legalización del aborto. En conjunto, contribuyeron a hacer de Argentina uno de los países más activos en la lucha contra el machismo y por los derechos de las mujeres.Mar Romero, France 24,04/06/2019

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ÉRASE UNA VEZ CATORCE MUJERES

ÉRASE UNA VEZ CATORCE MUJERESMuchas madres y padres salieron a buscar a sus hijos. Salieron de sus casas, salieron del útero de su rutina habitual a enfrentar al aparato represivo más imponente de la historia del país. Llevaban impresas en la piel la desesperación y el amor, y de allí les nació el coraje. Recorrieron hospitales, caminaron juzgados, se atrevieron a ir a comisarías y cuarteles. Buscaron a las morgues. Nadie sabía nada. La ley del silencio. Cada día era la esperanza de una noticia. Cada noche era la frustración del silencio. Los padres varones, de a poco, volvieron a sus trabajos.La mayoría de las madres eran amas de casa: tenían intacto el tiempo y la sensación de que no había otra cosa que hacer que dedicar cada hora, cada minuto y cada segundo de vida a la búsqueda.Estaban solas, moviéndose, preguntando inútilmente, aturdidas por tanto silencio. De a poco, empezaron a cruzarse por los mismos laberintos, a reconocerse y a descubrir que había otras que compartían esa especie de señal que cada una llevaba como un código secreto en la mirada: la desesperación y la incertidumbre.Ese fue un primer triunfo contra el aislamiento. Comenzaron a encontrarse, reunirse, acompañarse. Estar juntas fue el modo de escaparle al terror de estar solas. Pero fue mucho más que eso.Un día, esas mujeres se descubrieron a sí mismas en una iglesia militar, donde un cura psicópata les recomendaba santa paciencia y las confundía con rumores, insinuaciones y desinformaciones. Intuición femenina: les estaban mintiendo sistemáticamente, nadie hacía nada por salvar a sus hijos. Una de esas mujeres dijo: Basta. Y dijo: tenemos que ir a la Plaza de Mayo, tenemos que hacer ver y oír lo que nos pasa. Era una mujer con nombre de flor. Y ese grupo de mujeres decidió que Azucena Villaflor tenía razón: su lugar sería la Plaza de Mayo. La plaza sería el territorio de estas madres.No tenían oficina, pero habían encontrado un lugar espacioso, aireado, iluminado y muy céntrico.No tenían sillones mullidos, pero había bancos de plaza. No había escritorios, pero tenían las faldas para apoyar allí las carpetas, expedientes, cuadernos o que hiciera falta. No tenían alfombras, sólo baldosas y unas palomas revoloteando. No tenían recepción, pero podían verse de lejos mientras iban llegando. No tenían teléfonos, pero se pasaban papelitos con mensajes, informes, o futuros puntos de encuentro.Ocultaban esos mensajes en ovillos de lana, por si la policía o los militares se les cruzaban en el camino.No querían que las descubrieran. Ya que tenían los ovillos, llevaban agujas y tejían en la plaza, mientras iban pasándose información, inventando qué hacer, cómo buscar, cómo evitar la impotencia de no hacer nada. Penélope tejía esperando el regreso de su marido. Ellas tejían juntas las acciones para buscar a sus hijos y denunciar lo que estaba pasando.[…] los policías empezaron a revolotear alrededor esas mujeres que hablaban y tejían de los asientos de la plaza. Ordenaron: “Caminen, circulen, no se pueden quedar acá”. Ellas se pusieron a caminar y a circular alrededor del monumento a Belgrano, en sentido contrario a las agujas del reloj: como rebelándose contra cada minuto sin sus hijos. Marchaban, cada jueves, en las narices del gobierno dictatorial más temible. La plaza ya era el territorio de las Madres.Algunos periodistas extranjeros descubrieron esas raras vueltas y vueltas. Consultaron a los militares. Les contestaron que eran unas mujeres trastornadas, unas Madres Locas que andaban buscando a gente que no estaba en ningún lado. Gran parte de la sociedad prefería no darse por enterada. La censura bloqueaba orejas, cerebros y corazones. Las madres locas eran las únicas que parecían cuerdas, tejiendo y circulando al revés que las agujas del reloj.[…] El 8 de diciembre secuestraron a Esther Careaga y a Mary Ponce de Bianco en la Iglesia de Santa Cruz, junto a ocho personas más, incluida la monja francesa Alice Domon. Esther era paraguaya. Ya había encontrado a su hija adolescente, a la que los militares habían liberado. Las otras madres le habían pedido que volviera a su casa, que ya no se arriesgara más. Esther no les hizo caso, decidió seguir junto a ellas hasta que encontraran a cada uno de sus hijos.Dos días después, desapareció la mujer con nombre de flor. El terror de aquellos tiempos superó todo lo imaginable. Desaparecían quienes buscaban a los desaparecidos. Pero los militares habían sido selectivos: secuestraron a quienes todas siempre consideraron “las tres mejores madres”. Sin Azucena, había que elegir: seguir, esconderse, o volverse a casa. Para las madres no hubo demasiadas dudas: ahora no solo debían buscar a sus hijos e hijas, sino también a sus amigas y compañeras. Lograron sobreponerse a la parálisis y al terror, para seguir su marcha.Azucena había parido la idea de que las madres se organizaran para nunca más estar solas en su lucha. Y había dicho algo: “Todos los desaparecidos son nuestros hijos”. Así estaba socializó la maternidad, potenció a cada madre y le dio grandeza a cada minuto de resistencia.Texto publicado en Lavaca.org elhttp://www.lavaca.org/notas/la-historia-de-las-madres-de-plaza-de-mayo-erase-una-vez-catorce-mujeres

También la lluvia