Want to make creations as awesome as this one?

Transcript

¡Bienvenidos al Castillo de Trenquelléon!

(Pincha las estrellas que hay en la verja de arriba a abajo)

Aquí viví hasta los 27 años. Este impresionante y bonito edificio de 25 habitaciones lo terminó de construir mi abuelo paterno, Carlos, en 1771. La fecha está grabada en una piedra del segundo piso, arriba a la derecha, encima de la entrada de la cocina donde recibía a los pobres que venían a verme. Mi abuelo murió 8 años después de terminar la construcción. Aquí ha vivido mi familia hasta el día de hoy.

Conozco cada rincón de esta casa, hasta las habitaciones de los sirvientes, con los que pasaba muchos momentos, incluso ayudando en las tareas de la casa. El castillo está en mitad del campo, pertenece a los límites del pueblo de Feugarolles, donde está la parroquia de Saint-Cyr en la que me bautizaron el día que nací.

El castillo está orientado al norte, el primer piso está elevado unos 2 metros y medio, se sube por aquella escalera doble y curva. La parte central del edificio es de una sola planta, pero las alas laterales tienen dos pisos, y su tejado tan característico se llama de estilo Mansard, por el arquitecto del rey Luis XIV.

Parece que la vida aquí es muy tranquila, pero hemos vivido momentos muy difíciles. Yo nací precisamente el año en que comenzó la Revolución Francesa, mi padre no estaba en ese momento, y mis primeros años los viví sin él porque servía en el ejército leal al rey. Él tuvo que marcharse al exilio en Londres (1792).

Fueron años difíciles para mi madre, su nombre apareció por error en una lista de emigrados y tuvo que marcharse con mi hermano y conmigo también al exilio. Primero a España y luego a Portugal. Nos pudimos encontrar con mi padre en Portugal, cuando yo tenía 9 años, mi hermano Carlos con 6 años lo vio por primera vez.

Aquí en Trenquelléon la vida se volvió muy peligrosa, cuando yo tenía apenas 4 años la Guardia Nacional y un montón de policías hicieron un registro durante tres días buscando todos los objetos de valor y mi familia estuvo bajo vigilancia policial.

A partir de entonces guardo los recuerdos más entrañables de mi padre, al que cuidé en su enfermedad con todo cariño, y de mi madre que me enseñó la obligación de los más afortunados de ayudar a los menos afortunados. Los creyentes, me repetía, hemos de continuar la bondad de Cristo y su misión sanadora en el mundo.

En Braganza nació en 1799 mi hermana pequeña Desirée. En 1801, por fin, volvimos todos a Trenquelléon. Mi padre había estado 10 años fuera de casa.